SEÑALES

“Nada de lo que me fijo es al azar”.

Hay una frase muy new age que escucho muy a menudo y que me despierta la necesidad de una reflexión: “nada es al azar”. En el mundo de la espiritualidad suele significar que existen señales que nos llevan a lo largo de nuestra vida por el camino adecuado.

Como suele ocurrir en el mundo del hombre hay una paradoja con el azar: existe y no existe a la vez.

No puedo controlar la mayor parte de los hechos que ocurren en mi vida. No puedo medirlos. No puedo comprender por qué pasaron. Nos sería imposible evaluar todas las variables que intervienen en un suceso.

Evidentemente, en la era de la ciencia, sabemos que todo lo que ocurre tiene una causa y un efecto. Llamamos azar a aquello que no podemos medir, no porque no exista la forma, sino porque no está a nuestro alcance. Hace siglos no podían medirse muchos sucesos a los que Newton y otros científicos acabaron por determinar sus leyes. Ahora nos parece imposible comprender otros sucesos que probablemente con la evolución de la mente y la técnica acabarán por desvelarse.

Nuestra mente tiene una capacidad reducida para evaluar sucesos. Incluso para darse cuenta de esos sucesos. Nuestra capacidad de percibir es muy limitada. El espectro de nuestros sentidos externos e internos están muy definidos dentro de unos márgenes.

Para mí, como psicóloga más que lo que ocurre fuera me interesa lo que ocurre dentro. Creo que lo que al crecimiento personal le interesa no es que “nada es al azar” sino que “nada de lo que me fijo es al azar”.

Somos conscientes de un uno por ciento de todos los ímputs que nos llegan a cada segundo. Nuestro cerebro no podría manejar con eficiencia más información. Por lo tanto, lo relevante es a qué prestamos atención y a qué no. La auténtica señal es qué he considerado una señal.

Si nos paráramos durante un minuto podríamos darnos cuenta de la multitud de señales que recibo: ¿respiro profundo o ligero?¿los sonidos que escucho me molestan o me agradan?¿he escogido estar sólo o en compañía?¿de qué colores visto hoy?¿Me siento tranquila o nerviosa?¿Me duele alguna parte de mi cuerpo?¿Estoy pensando en alguien?¿He repetido antes esta situación?…. Habría miles de preguntas.

Lo que convierte algo en una señal no es que se repita, es que yo repita mi observación de ese hecho. Hace unos días alguien me decía que desde hacía meses se le repetía el número 22. ¿Es un mensaje? Sí, por supuesto. Lo que lo convierte en una señal es su necesidad de verlo por todas partes. El día que descubra qué se está diciendo a si misma con ese número dejará de verlo. No significa que no pase al lado de más números 22, significa que ya no atenderá esa señal.

De la misma manera, lo que signifique para ella ese número va a depender de conexiones sólo visibles para ella. Los mensajes son únicos e intransferibles. Están íntimamente ligados a la psique de esa persona. ¿Las hace eso menos valiosas? Por supuesto que no. El mayor valor casi siempre radica en lo único e intransferible.

Hay otro inconveniente. Los mensajes profundos suelen proceder del inconsciente. Su significado es más oscuro del que podríamos creer. El problema es que el “ego” (o nuestra personalidad) tiene una forma de interpretar los mensajes que poco suele coincidir con los significados del alma.

Así, una vez he descubierto cuáles son las señales de mi vida me queda la difícil tarea de interpretarlas sin meter mi propio deseo en ellas. El ego va a querer buscar en ellas reafirmaciones de sus pensamientos neuróticos, como por ejemplo, “soy el mejor””soy el peor””va a salir bien””voy a ganar””yo tengo razón”….

El alma suele indicar otros caminos con las señales que os animo a que busquéis, como por ejemplo; ¿Qué tengo que aprender?¿Cómo sigo en mi vida?¿Es bueno para mí que esté aquí?¿Qué no tengo resuelto?¿Qué es lo mejor de mí?¿Que refleja de mi bienestar?¿Qué refleja de mi personalidad?

Muchas personas viven sin fijarse en las señales. Pierden una gran fuente de información. A veces incluso, luchan contra ellas, haciendo su vida más difícil. A veces, no nos gusta lo que nos estamos diciendo porque no pide cambios. Es mejor, creer que el mensaje no existe que reevaluar nuestra vida.

Yo vivo las señales como uno de los caminos que tiene el alma para comunicarse conmigo. Aprender su significado en mi vida me ha dado pistas importantes que me han ayudado a crecer y encontrar mi lugar en el mundo. Os animo a que descubráis qué os estáis indicando, mostrando y expresando de forma sutil. Estad atentos.

 

 

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