LA SOMBRA

La sombra es una parte que existe en nosotros y que se desarrolla durante la infancia. Su contenido está formado por todos esos aspectos rechazados por nosotros y por la sociedad en la que vivimos: emociones negativas, rasgos de personalidad, hábitos inconfesables, tabús, incluso potenciales no aceptadas.

La sombra opera como un sistema psíquico autónomo que perfila lo que es el Yo (self) y lo que no lo es.  Así, ego y sombra crecen simultáneamente.

Como su propio nombre indica, la sombra, es todo aquello que permanece escondido a nuestra vista psíquica. Por lo tanto, no podemos percibir directamente sus dominios. La sombra es peligrosa e inquietante, y parece huir de la luz de la conciencia, como si ésta constituyera una amenaza para su vida. Sólo podemos llegar a ella por medios indirectos. Pero, aunque no podamos contemplarla directamente, la sombra aparece continuamente en nuestra vida cotidiana y podemos descubrirla más fácilmente de lo que cree, puesto que, nada está realmente oculto, más que por nuestro esfuerzo de que lo esté.

Nuestra cultura tiene múltiples formas de postergar el encuentro con nuestro yo oscuro: largas jornadas de trabajo, las distracciones como la televisión, internet, el móvil…, estar siempre en contacto con otras personas, las pastillas como los antidepresivos y ansiolíticos, las pastillas para dormir, el alcohol, el ocio, en general, la actividad…

Existe una sombra familiar con sus tabús, sus facetas ocultas. Engloba todos aquellos sentimientos y acciones que la conciencia vigílica de la familia considera demasiado amenazadores para su propia imagen y, consecuentemente, rechaza.También existe una sombra colectiva que aparece en la corrupción política, en el arte, en el belicismo, en las creencias sociales y religiosas, y que aparece en los cuentos infantiles, en la censura de los medios de comunicación, en los temas de las películas de miedo y terror, etc.

Muchos creen que el camino a la trascendencia y la iluminación es un camino de autocontrol. Es decir, de dejar en la sombra todo aquello que consideran pernicioso a sus ojos, y aprender a mostrarse sólo como una “buena persona”. Pero la propia palabra “iluminación” nos indica que el auténtico camino hacia la evolución es mirar con valor y humildad todo lo que somos… “para aprender a ser divinos, hay que aprender a ser humanos” o “Conócete a ti mismo”.

En general, la sombra tiene un inmenso poder sobre nosotros, puesto que alberga la mayor parte de nuestra vida psíquica, y puesto que le dedicamos mucha energía a crear las barreras que la esconden. Está constantemente llamando a nuestra puerta de la conciencia. Su voluntad es aparecer, mostrarse. Contiene su propia energía, la cual no permitimos que fluya, y por tanto, va aumentando hasta que la presa se rompe. Entonces aparece en formas muy perniciosas como la violencia, las enfermedades neuróticas y psicóticas o la autolesión.

¿CÓMO ENCONTRARNOS CON LA SOMBRA?

La sombra de nuestra sociedad moderna es tan inmensa que no puede evitar rezumar en nuestra vida cotidiana de muchas maneras: El humor, el síntoma corporal, la proyección, la acción impulsiva, los lapsus lingüe, los errores y accidentes.

El camino es prestar atención a todos estos síntomas y aceptar que provienen de aspectos rechazados por nosotros. Muchas veces, la primera reacción es “yo no soy así” puesto que el mecanismo de “negación” es tan fuerte que la conexión con nosotros también está profundamente escondida. Sólo cuando uno es capaz de ver una y otra vez, como se repite el mismo síntoma, acaba por rendirse a la evidencia.

EL HUMOR

Lo que nos hace reir conecta habitualmente con aspectos que nos avergüenzan. Según John A. Sanford, la sombra suele ser la que ríe y se divierte, por ello es muy probable que quienes carezcan de sentido del humor tengan una sombra muy reprimida.

EL SÍNTOMA CORPORAL

El cuerpo almacena mucha información que no podemos tolerar a nivel consciente. En forma de dolor crónico, de peso, de agotamiento, de enfermedad, nos da claras pistas del efecto pernicioso de la sombra reprimida con nuestra propia energía.

LA PROYECCIÓN

Cuando no encontramos ante personas que nos despiertan sentimientos exagerados, tanto de idealización como de demonización, suelen ser “espejos” de nuestra sombra. La ira, el desprecio, el rechazo, el sentimiento de superioridad o inferioridad, son ejemplos de la sombra afectando nuestra vida consciente. También sentir que su forma de tratarnos es humillante. Los enfados desproporcionados por los errores de los demás.

LOS SUEÑOS

La noche, la bruma, los desconocidos que nos persiguen, que  nos quieren robar, las presencias que no vemos pero están ahí, vampiros, psicópatas, animales u objetos peligrosos, puertas que no se abren… todos son símbolos de la sombra que acecha en la linde de nuestra conciencia y puja por salir.

LA ACCIÓN

Las acciones impulsivas, que parecen provenir de un motor más allá de nuestra consciencia, o inadvertidas, como algunos gestos mientras hablamos, también nos advierten de la sombra.

LOS LAPSUS LÍNGUE

En el lenguaje también desborda fácilmente aquello que reprimimos. Palabras, nombres, que no queríamos decir pero que aparecen más allá de nuestra voluntad, y que muchas veces nos avergüenzan.”No quería decir eso” expresaremos justo después… pero sí, a nivel inconsciente es probablemente lo más auténtico que habremos dicho.

ERRORES Y ACCIDENTES

Muchos errores son interferencias de la sombra que aparece cuando uno es más vulnerable. En momentos de nervios, de retos que hay que afrontar, momentos importantes… parecen augmentar los síntomas del lado oscuro.

Muchos accidentes también son resultado de no escucharnos. Por ejemplo, romper cosas de nuestra pareja, o mostrar algo que nos avergüenza, …

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BIBLIOGRAFÍA:

Jeremiah Abrams y Connie Zweig (Ed.)(1994) “El Encuentro con la Sombra” Ed. Kairós

 

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