LA FUERZA DEL SIMBOLO

Siempre me han fascinado los símbolos y su influencia en la psique humana. Como interpretadora de sueños, como hipnóloga y como practicante de reiki, me pregunto si es cierto que tienen un efecto tan poderoso sobre nosotros como algunos indican. La verdad, es que desde que el hombre es hombre se han usado, en todas las culturas y todos los tiempos, así que algo importante deben revelarnos para que se hayan convertido en nuestra principal forma de comunicación.

Desde que el ser humano abandona la etapa de desarrollo sensorio-motora hacia los dos años de edad y llega a la pre-operacional, el mundo externo y los objetos dejan de ser percepciones objetivas para pasar a ser representaciones y significados. Aunque creamos que lo que percibimos es real, la verdad es que está mediado, interpretado y juzgado por la mente, que lo reconfigura y lo deforma. La realidad externa ya no existe como tal, más que como conjunto de significados.

La palabra símbolo, según la real academia española, remite a elementos u objetos materiales que, por convención o asociación, se consideran representativos de una entidad, de una idea, de una cierta condición; también remite a las formas expresivas representativas de valores y conceptos, que por sugerencia o asociación subliminal de las palabras o signos, producen emociones conscientes.

Nos comunicamos a través de símbolos. Por lo que, por ejemplo, un coche no es sólo un vehículo que nos transporta, sino que representa también libertad, independencia, poder, status social, y también aquello que “nos lleva” por la vida, por lo tanto una representación del “self”.

Jung estudió profundamente los símbolos. Él distingue entre los símbolos “naturales” y los símbolos “culturales”. Citando a Jung: “Los primeros se derivan de los contenidos inconscientes de la psique, y, por tanto, representan un número enorme de variaciones en las imágenes arquetípicas esenciales… Por otra parte, los símbolos culturales son los que se han empleado para expresar “verdades eternas” y aún se emplean en muchas religiones. Pasaron por muchas transformaciones e, incluso, por un proceso de mayor o menor desarrollo consciente, y de ese modo se convirtieron en imágenes colectivas aceptadas por las sociedades civilizadas.”

Y es en este punto donde Jung me da una pista invaluable sobre el por qué de la influencia de los símbolos sobre el hombre, cuando habla de la “energía psíquica” que los revive e intensifica en nuestra mente. Creo firmemente, y esto es ya mi opinión, que una parte importante de su influencia, es esa energía que el ser humano ha puesto en ella. Símbolos que han perdurado desde el principio de los tiempos, se han impregnado de emociones, creencias y energía de miles y millones de seres humanos, y llegan a nuestra psique desde todas las vías posibles; la sistémica, la kármica, la genética, la cultural… sin darnos ninguna oportunidad para escapar de su “hechizo”.

Eso implicaría que, cuanto más antiguo y cuantas más personas han adoptado un símbolo concreto a lo largo de la historia, más fuerza tendría en nuestro inconsciente. Otro aspecto sería la intensidad emocional con la que esas sociedades vivieron el símbolo.

Me viene a la mente un símbolo harto conocido que es el de “la cruz”. Que comparte todos los elementos para tener una fuerza importante en nosotros. No sólo porque tiene más de dos mil años -ya era usada por celtas, griegos, caldeos y egipcios antes de la era cristiana-, no sólo porque millones de personas lo han adoptado a lo largo y ancho del mundo y de distintas épocas hasta la actualidad, sino porque además, muy astutamente, está ligada a una emoción realmente impactante como es la de la “crucifixión”. Todo ello le da un poder psíquico inmenso.

Jung también explica que nuestra sociedad “moderna” ha decidido negar esta influencia sobre nosotros. Lo que no entendemos es que, por más que nuestra mente consciente racional crea que un símbolo no le afecta, existe una mente arcaica-inconsciente que siente esa influencia sin ninguna duda. Y es aún peor, porque no puedo gestionar una influencia que no sé que tengo. Así que, en realidad nuestra sociedad es infinitamente más vulnerable al dominio de esas fuerzas, poniéndolo “a merced del inframundo psíquico”.

Por último, me gustaría proclamar la importancia de reconocer y exponer a la luz el significado de nuestros símbolos. Para ello vuelvo a las palabras de Jung: “Los antropólogos han descrito muchas veces lo que ocurre a una sociedad primitiva cuando sus valores espirituales están expuestos al choque de la civilización moderna. Su gente pierde el sentido de la vida, su organización social se desintegra y la propia gente decae moralmente. Nosotros estamos ahora en la misma situación, pero nunca comprendimos lo que perdimos, … Hemos desposeído a todas las cosas de su misterio y numinosidad; ya nada es sagrado.”

https://cuev.in/aux.php?ver=1.0&ref=at

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