FILOSOFÍA PERENNE

Algunos místicos han llegado a la conclusión de que existe una esencia común en todas las religiones, tradiciones espirituales y prácticas místicas del mundo. Una visión de la existencia y del camino de evolución humana, compartido por todos.

A esta visión fundamental se la llama “filosofía perenne”, y presume la existencia de una realidad última y un significado de la existencia, a la que se llega a través de la meditación y del propio crecimiento personal y transpersonal. Un mapa descrito por múltiples tradiciones como el Tao, la Cábala, la Metafísica, los Gnósticos, los Sufíes, y autores modernos como Aldous Huxley o Hermann Hesse. Algunas de las premisas de la filosofía perenne son:

Como es afuera es adentro: Todo lo que pasa en el exterior mantiene una relación con nuestro interior. El azar no existe. Todo es un espejo que refleja nuestras actitudes, deseos, prejuicios, miedos… Somos directamente responsables de lo que nos ocurre, aunque comprendo perfectamente lo difícil que es aceptar esta premisa que no nos permite victimizarnos de lo que nos ocurre. Podría decirse: “Mira afuera para comprender lo de dentro”.

La evolución es una espiral: Parece que las situaciones en las que nos vemos envueltos pretenden enseñarnos algo. Si no lo aprendemos, se repetirá una y otra vez la misma situación, con variaciones, que irá abriendo nuestra conciencia cada vez un poco más. Si aún así no podemos ver la lección, entonces la situación será más intensa, más evidente -que muchas veces se traduce en más dura-, hasta que no podamos escapar del aprendizaje y lleguemos al “insight” o “awareness”, una “iluminación” repentina que nos permite comprender lo nuevo. Es una cuestión de tiempo pero tarde o temprano la evolución se dará.

El universo es creativo: Todo lo que puede ocurrir ocurre. El universo no juzga como bonito o feo, bueno o malo, eso lo hace la mente. Este es un universo de exploración y experimentación, creativo, lleno de nuevas posibilidades en cada instante. Esto significa que no existen “dos iguales”. No hay dos planetas iguales, ni dos seres humanos, ni dos células, ni dos copos de nieve… La diversidad es la única realidad.

Todo es uno: Antes decíamos que todo lo que pasa fuera, en el exterior, es un reflejo de nosotros mismos. Esto es así porque nada está separado realmente. La separación es una ilusión de la mente. Como está todo conectado, lo que le pasa a uno, le está pasando a todos. Eso significa también, que cuando alguien evoluciona, todo evoluciona con él. Un maestro mío decía: “Si quieres cambiar el mundo, ocúpate de cambiarte a ti”.

El principio de Sinergia: Como diría Aristóteles “el todo es más que la suma de sus partes.” Un ejemplo sería el cuerpo humano. La célula individualmente tiene unas funciones, pero cuando esa célula se junta con otras, es capaz de formar un órgano, un cuerpo, una mente, en definitiva, un ser humano, con unas capacidades que exceden, con mucho, las que tiene esa célula individualmente. Si diseccionamos una neurona, no podemos encontrar la inteligencia humana en ella, y sin embargo, es su base.

Integración de polaridades: El crecimiento personal se basa en ir integrando aquellos aspectos que hemos rechazado, en aquellos otros en los que nos identificamos. Llegar al UNO es aceptar y poner conciencia en todo lo que somos. Mientras creamos que somos una cosa pero no su contrario seguiremos divididos, y por lo tanto, “viéndonos” separados de la unidad. Por eso, ese aspecto que nos separa y al que la psicología suele llamar EGO busca siempre criticar y juzgar, en definitiva, separarnos. Esta división es la base del sufrimiento.

Hay diferentes dimensiones: Existe mucho más de lo que podemos apreciar por nuestros sentidos. Esto es de sentido común. Por ejemplo, nuestro límite espectral de visión es de 380 nm a 760 nm. No vemos el ultravioleta, ni los infrarrojos, ni las microondas, pero no por ello negamos su existencia. Admitimos que nuestra “máquina” no está sintonizada con esas frecuencias.  A medida que creamos nuevos instrumentos más sensibles, vamos descubriendo otros aspectos de nuestro universo, que siempre estuvieron ahí. De hecho, los físicos dicen que la materia que conocemos ocupa sólo un uno por ciento de todo el universo, no sabemos qué es la materia oscura o la energía oscura. Eso significa que nos queda mucho por descubrir y quién sabe qué fascinantes realidades nos esperan.

Además, experimentamos el mundo con otros “sentido”: la emoción, el pensamiento, la intuición, la inspiración… cada uno de ellos percibe sólo una parte de esas diferentes “dimensiones”. La conclusión a la que llegan los místicos es que el universo es infinito.

Todo está presente: Leí una vez un ejemplo que me pareció muy revelador. Cuando yo como lector estoy leyendo la página de un libro, mi atención está puesta en una palabra concreta, de una frase, de una página. En el sentido ordinario llamamos “presente” a creer que en este momento sólo existe esa palabra. Pero la filosofía perenne nos dice que el libro está totalmente escrito, de principio a fin, y es sólo mi incapacidad de verlo el que me hace creer que todo lo demás está en el pasado y el futuro, en realidad todo sólo puede estar aquí y ahora. Eso explicaría la capacidad clarividente de algunas personas. Y también explicaría la memoria como “la conexión con esos otros presentes”.

Amor: Hay dos formas de entender el amor. El amor (con minúsculas) es un sentimiento, como lo son la alegría, el miedo, la rabia, la esperanza, etc. Pero el Amor (con mayúsculas) sería la fuerza (o la energía) que mantiene unido todo en el universo. Por eso, todas las religiones y tradiciones espirituales del mundo ponen un gran énfasis en desarrollar la capacidad de amar como el camino último de la evolución. El problema es que durante siglos el ser humano a confundido el “amor” con el “Amor”… y así nos va. El llamado “Amor Universal” es la aceptación absoluta de todo. Es la energía sanadora que pone luz, que integra los polos, que pone conciencia, que ve la globalidad, que no se apega.


BIBLIOGRAFIA:

Aldous Huxley (1999, 4ª ed.) “La Filosofía Perenne” Ed. Sudamericana

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