EL INCONSCIENTE

“Crecer es caminar hacia lo desconocido que hay en nuestro interior.”

El camino hacia la serenidad, la salud, el bienestar y la felicidad pasa, sin duda, por devolver a la consciencia los procesos que hemos abandonado a las profundidades de nuestra mente.

Freud consideraba el inconsciente el lugar de todo lo que rechazamos de nosotros mismos. Los rasgos de nuestra personalidad que detestamos, los hechos traumáticos, los deseos que creemos vergonzosos, lo socialmente rechazado…

Jung llamaba “sombra” ha todos esos procesos mentales negados y reprimidos. Un personaje que suele aparecer en nuestros sueños en forma de ladrón, persecutor o enemigo al que tememos.

Pero si, el inconsciente está lleno de pensamientos terribles, ¿por qué deberíamos recordarlos?¿Para qué volver al miedo, la vergüenza, la humillación, la rabia…?¿No hay un motivo saludable por el que están ahí escondidos?

Sí, hay un motivo por el que la mente cree que debe evitar esos pensamientos en su consciencia. Teme que el dolor va a ser tan terrible que no va a poder soportarlo. El olvido es un eficaz mecanismo de defensa del ego. Hasta cierto punto, es necesario relegar al olvido ciertos temas durante cierto tiempo.

El problema es que, que algo sea inconsciente no significa que no tenga una influencia en nuestras vidas. De hecho, el peso de esos pensamientos es muy poderoso. Son la base de las fobias, los ataques de pánico, los estallidos de ira, las compulsiones, las adicciones, la relaciones tóxicas, las malas decisiones… Una serie de reacciones que ni siquiera tienen sentido para nosotros porque lo olvidamos, y que suelen hacernos sufrir.

Un dolor crónico, neurótico, sin fin. Basado en evitar la verdad. Así que, paradójicamente, sufrimos para no sufrir. Liberar el insconsciente es fácil pero no sencillo. Implica el coraje de vernos tal y como somos. Con lo bueno y lo malo. Permitirnos caer, hundirnos, sentirnos perdidos, vulnerables, culpables….

Pero liberar el inconsciente es liberar un dolor que acaba por diluirse; Por integrarse, comprenderse y desvanecerse. Es un dolor sano, que ayuda a crecer y a hacernos responsables de nuestras vidas.

Y después del valor de reconocer lo rechazado, uno descubre que el inconsciente es mucho más. Con las sombras también negamos y reprimimos nuestra luz. Lo numinoso. El inconsciente es un pozo de sabiduría, de amor en mayúsculas, un puente hacia lo transpersonal. No es posible vivir en la luz sin vivir en la sombra. Cuando negamos, negamos todo. El que no visita su inconsciente es un robot, vive en la muerte de la repetición.

Así que es en el inconsciente donde están las respuestas; La intuición, la inspiración, el pensamiento lateral, la creatividad, las soluciones nuevas, el éxtasis… Cuando liberamos la mente, liberamos el cuerpo, con lo cual también es la respuesta a la salud y el bienestar.

 

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