“SÍNDROME DE ABSTINENCIA” EN LA RUPTURA DE PAREJAS

En mi vida profesional y personal he vivido muchas rupturas de pareja. Tanto aquellas que llevan muchos años como apenas unos meses, hay siempre un dolor inherente a la separación. Incluso aceptando que era lo mejor para ambos y que la relación ya no tenía sentido, el dolor está ahí.

He comparado muchas veces la química del amor a la de las drogas y no creo que vaya muy desencaminada. He visto a muchas parejas volver a intentarlo porque no soportaban el dolor de la separación, y vivir una larga y lenta agonía, creyendo que eso significaba que aún debían estar juntas.

Cuando una relación se deja, se pierden con ella muchos aspectos que aportan un sostén químico al cuerpo que provoca mucho bienestar: pasión, cariño, escucha, apoyo, protección, seguridad, intensidad emocional, etc. A diferencia de las drogas estos aspectos son en general benéficos y son los que mantienen unidas a las personas.

En la separación, estos aspectos se ven de pronto cercenados, y el cuerpo empieza a sentir que esa “química del bienestar” empieza a desaparecer. Creo que el cerebro busca desesperadamente conseguir “una dosis”, y lo hace a través del dolor, de los recuerdos bonitos, de la autoinculpación, etc. Es decir, todo un síndrome que busca acercarse de nuevo al otro.

A este síndrome le llamo el “síndrome de abstinencia de las rupturas” y lo he visto infinidad de veces. El cerebro repite obsesivamente las mismas escenas, el corazón parece que va a estallar y el estómago se contrae, no se puede dormir ni comer, no hay energía ni motivación para hacer otras cosas, se busca en el móvil una y otra vez algún contacto de parte del otro, se habla de la ruptura cien veces con cien personas, se escucha música romántica y se llora.

Por supuesto, si es posible resolver lo que separó a la pareja, esta química ayuda en el proceso. Se está más abierto a escuchar al otro, a responsabilizarse de los propios errores, a buscar nuevas soluciones, etc. Hay una función de buscar la comunión con la pareja en este estado.

El problema es si no existe solución. Entonces, es encontrarse una y otra vez en un bucle sin salida. Si uno de los dos no quiere resolverlo, o ambos ven finalmente que es imposible, entonces hay que pasar por esto sin remedio.

¿Entonces qué?

  • Lo primero es comprender que uno está secuestrado por su química interna. Si uno tomara alcohol todos los días durante años, sufriría también algún tipo de síndrome que debería superar. Darse cuenta de que es sólo una necesidad no resuelta del cuerpo, aunque parezca frío, la verdad es que ayuda a salir del eterno pensamiento en círculo de “por qué pasó”.
  • Lo segundo es no ver a esa persona durante muuucho tiempo. Va en contra de lo que busca la química del síndrome de abstinencia de la ruptura pero es la mejor opción. Volver a ver a esa persona suele llevar una “recaída” de los síntomas.
  • También es bueno cuidarse de uno mismo. Darse margen. Comprender que, por un tiempo, no se va a estar normal. Hay cierta necesidad de, por un lado buscar apoyo, y por otro, apartarse de los demás y lamerse las heridas. Darse en cada momento lo que se necesita.
  • Cuidado, con empezar nuevas relaciones demasiado pronto. En un momento de tanta vulnerabilidad, las razones no suelen ser las adecuadas. Por un lado porque los demás también tienen sentimientos que pueden ser heridos, pero sobretodo, porque no suele haber una auténtica voluntad de estar con el otro y puede acabar en más dolor y arrepentimiento.
  • Por último, usar “la fuerza del dolor”. Es un momento muy creativo. Hay una fuerza hacia lo nuevo muy importante en esos momentos, que bien usada, puede llevar a tomar decisiones que no se había sido capaz antes.
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